CINE Y PERFORMANCE A LOS CUIDADOS DE CINE POR VENIR

Decía Jean Rouch que en su trabajo cinematográfico resultaba fundamental algo que aprendió de los Dogon: «hacer como si…». Como si fuera una imagen, nuestro cuerpo se multiplica y desvanece en las pantallas que nos pautan y los algoritmos que nos ritman. Como si fuera un cuerpo, la imagen se desplaza por todo el territorio de la imaginación proyectada y retenida sobre los muros del pensamiento. Como si fuera un sonido, una vibración que es el presente, emergen la atención y la percepción que animan la materia y la transforman en espacio, cuerpos y entrepliegues. Como si fuera un balbuceo en busca de una palabra que aún no existe porque es imagen.

 

La imagen occidental ha pretendido civilizar el cuerpo bárbaro y nómada. Un judío errante apuntó: «todo documento de cultura es un documento de la barbarie». La imaginación civil podría surgir, quizás, allí donde una intimidad territorial desaloje la imagen que la imaginación colonial ha impuesto de la civilización. Es en el registro del mito donde se puede encontrar «una continuidad por venir del presente moderno con el pasado no-moderno: una continuidad mitológica o, en otras palabras, cosmopolítica», que dirían Déborah Danowski y Viveiros de Castro. El futuro próximo precisa de una mitología adecuada al presente, de unas narrativas colectivas capaces de afrontar «la barbarie que viene». Mientras la ausencia de futuro parece acorralarnos en nuestro tiempo de catástrofes, la matriz ecofeminista y la imaginación civil podrían devenir las «mitofísicas» de nuestra época cosmopolítica.

 

El cine es una máquina mitológica, pero hace mucho tiempo ya que ha encarnado en la realidad, que se ha hecho cuerpo entre nuestros cuerpos. Cepillar a contrapelo la historia de la civilización (imaginaria), hacer como si nuestra imaginación civil estuviera aún por advenir, como si nuestro cuerpo tuviera todavía que deshacer su modelo, como si la imagen no fuera, aún, más que un embrión de lo que está por venir. La imagen vendrá en el tiempo de la resurrección, repite obstinadamente Godard, como si fuera un profeta de otro tiempo. Hacer como si fuera ahora, como si fuera aquí. «No una imagen justa, sino justo una imagen».

 

Nos interesa realizar, como Walter Benjamin proponía hacer con la historia, un cepillado del mito a contrapelo: el mito del cine tanto como el de las pantallas. En una serie de fugas de la pantalla, Mitos del futuro próximo – Cuerpo propone un conjunto de actividades que irán creando diversas interfaces cada vez más encarnadas, que irán tomando cuerpo y transformando nuestro espacio expositivo en TEA con una serie de huellas de lo acontecido. Esas huellas en el espacio y en el tiempo, huellas que funcionan como si fueran cine, buscan también instalarse en los intersticios, pensar por el medio de aquello que (nos) ocurre.

 

Las salas A de TEA acogen un diálogo fluido en el que se cuestiona la noción de cuerpo y los espacios discursivos en los que habita su imagen. Partiendo de una selección de creadoras que han transitado la idea de lo íntimo y su representación como Nan Goldin o Ana Mendieta llegamos a intervenciones realizadas ex profeso que hacen realidad este diálogo desde la imagen y el archivo. Las salas se convierten en un campo de experimentación en el que suceden cosas de la mano de invitadas como Societat Doctor Alonso, Pilar Monsell o Andrés Duque, llegando a intervenir el espacio del Cineclub, a través de la acción de Norberto Llopis, que lo extraerá durante el mes de enero de su cometido inicial de espacio de proyecciones, para convertirlo en un lugar vivo y sujeto a transformaciones.

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