ÓSCAR DOMÍNGUEZ

(San Cristóbal de La Laguna, 1906 – París, 1957)

En los años cincuenta la obra de Óscar Domínguez se impregna de un esquematismo que deriva en un proceso de depuración de su pintura, superando la dependencia picassiana de sus trabajos precedentes. Es en este momento en el que el pintor surrealista realiza bocetos para la fábrica de tapices francesa Les Gobelins. Su infancia se nutre de los paisajes de la costa de Tacoronte, de la increíble vegetación, entre la que predomina la corona del drago. Toda esta riqueza natural da forma a un estilo propio condicionado por los escenarios de su niñez, como ocurre en Los sifones (1938). El frutero comefrutas da nombre a una serie de pinturas en las que el pintor lleva al lienzo una suerte de rebelión de los objetos: imágenes no exentas de un tono lúdico en las que la realidad se da la vuelta para mostrar un nuevo orden.

Ceres, ca. 1952

Guache sobre cartón, 207 x 295 cm

Colección TEA

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